Los trastornos del neurodesarrollo son “un grupo de condiciones heterogéneas que se caracterizan por un retraso o alteración en la adquisición de habilidades en una variedad de dominios del desarrollo incluidos el motor, el social, el lenguaje y la cognición” (Thapar, Cooper y Rutter, 2016).

Los trastornos del neurodesarrollo son por tanto, afectaciones que se dan generalmente durante el proceso de desarrollo embrionario como resultado de la interacción genética y factores ambientales que generan una vez que el bebé se va desarrollando, alteraciones en el desarrollo de una o varias funciones/ áreas: cognitivo, motor o de lenguaje con dificultades  sociales, de aprendizaje o de razonamiento entre otros, asociadas.  Se trata de una alteración en la maduración neurológica y cognitiva durante el desarrollo de los niños.

Algunos de los trastornos del neurodesarrollo más frecuentes son el trastorno por déficit de atención e hiperactividad (TDAH, en sus variables, inatento, impulsivo, combinado o tempo cognitivo lento), trastornos del espectro autista (TEA, en los diversos grados en los que se puedan dar, habitualmente diferenciados según autismo, síndrome de Asperger o trastorno generalizado del desarrollo no especificado) así como trastorno específico del lenguaje (TEL, también a nivel expresivo, comprensivo y mixto). Sin embargo, hay otros como el trastorno de aprendizaje no verbal (TANV),  déficit de atención, motor y perceptivo (DAMP) o discapacidad intelectual.

Estos trastornos en muchas ocasiones comparten rasgos y síntomas que hacen difícil la diferenciación de los mismos. Para ello, desde la neuropsicología se valora el desarrollo de las funciones cognitivas según la edad del niño que permite definir las alteraciones o no de las mismas o en qué grado. Lo que nos define un síndrome que en el caso de los trastornos del neurodesarrollo nos permite diferenciar las necesidades concretas que cada niño puede precisar.

Algunos de los indicadores en los que nos podemos fijar para identificar posibles alteraciones en el neurodesarrollo ante lo que se necesitaría una valoración neuropsicológica serían: dificultades en la comunicación (señalado, imitación o producciones orales con intención comunicativa), elevada agitación motora (dificultad o incapacidad para estar sentado), reacciones explosivas, dificultad en el contacto ocular, dificultades en seguir instrucciones o en la coordinación motora. Estos indicadores van a cambiar según la edad del niño y se valoran de diversa forma según el contexto ya que este también puede interferir generando problemas de conducta superficiales sin otras patologías que la sustenten, necesitando para ello de la opinión de un profesional.

Elisabet Rodríguez

Experta acreditada en neuropsicología clínica

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